Terapia online: la afortunada continuidad

Llegó, en fin, el día 13 de marzo, cuando ninguna medida de higiene resultaría suficiente. Debía dar paso, inevitablemente, a las sesiones virtuales. Las sesiones de terapia individuales en formato on-line no suponían una novedad en este Gabinete sino el modo habitual con determinados pacientes desplazados a territorios lejanos (p.e., empleados de ONGs) y que por motivos específicos, lingüísticos o de afinidad, habían llegado hasta mí. 

Informados todos los pacientes de que su proceso terapéutico podría tener continuidad a través de videoconferencia, se retomó el trabajo a través de tal conducto. Por otro lado, pero en el mismo orden de cosas, hice difusión del nuevo carácter online del servicio que presta el Gabinete.

La primera impresión es de tránsito fluido hacia este nuevo formato. Pese a ello, tomo cuenta de los pacientes que no se han sumado por no disponer de privacidad a su conveniencia, o por otros motivos indirectamente vinculados con el confinamiento. 

En cuanto a la incomodidad de los pacientes más reacios -a veces expresada de antemano, otras veces asumida después de haberse disipado-, se ha abordado como otra de tantas dificultades en medio del proceso. Una vez puesta sobre la mesa, examinada con lupa, se deshacía sola, como un cubo de hielo en ambiente cálido. En pocos días, los equipos de trabajo -como me gusta pensar en en el dúo que compongo con cada paciente- hemos ido encontrando las maneras de acercarnos y crear ese espacio de intimidad profesional, distintivo del encuentro en una sesión de psicoterapia. 

En los pacientes nuevos, con los que he iniciado proceso terapéutico desde el inicio del confinamiento, advierto que ni el estado de alarma ni el formato telemático suponen traba a sus deseos o necesidad de empezar ese proceso.

La diferencia de la realidad física a uno y otro lado de la pantalla es, a menudo, una oportunidad en el diálogo terapéutico. Otras veces, sincronizar la respiración para acercarnos en los sentidos, tendiendo un puente entre nuestros espacio físicos distantes. Resulta igualmente útil para trabajar en terapia el entorno espacial que el paciente determine para su sesión, resultado de combinar innumerables decisiones hasta el momento del encuentro. La vestimenta, la postura corporal, el fondo; todas ellas decisiones relacionadas y todas previas a la principal: ¿Cómo quiero aprovechar este tiempo terapéutico para mí? Material valioso de trabajo en la terapia, ese espacio privilegiado de aprendizaje de asumir responsabilidades. 

De la misma manera, como terapeuta, me encuentro con muchas posibilidades a la hora de conectar con mi paciente y a pesar de que no pueda ofrecer los materiales de mi consulta (las pinturas, los lápices, las cartas…), no han sido pocas las veces en las que igualmente hemos utilizado los objetos que están al otro lado de la pantalla, en su mundo. ¡Ni la pintura, ni la poesía, ni la observación plena ni la expresión corporal están impedidas a través de una cámara!

Por hacer uso de analogías florales, se me ocurre que las sesiones virtuales anteriores a este estado excepcional eran ya una realidad posible y eficaz para mí si bien como flores exóticas de mi jardín. Las sesiones virtuales que lo han sido por fuerza de las circunstancias de alarma, las voy viendo como unas magníficas hierbas verdes que nacen entre bloques de granito.  

Me congratulo de poder acompañar a todos los que han querido y podido seguir adelante con su proceso terapéutico y de haber visto, en conjunto, que esa continuidad es en sí misma un valor. Un valor precioso en estos tiempos que corren.